Citas a ciegas buenos aires


Ya lo declararon al salir los doctores de barba rubia.
Cuándo regresará, ayolas, Virgen del Buen Aire?
No hay más que ceñirse el vientre que punzan los dolores y doblarse en dos y tiritar en un rincón de la tienda.No los cuentan.Elvira, enfermera de la madre de Olivia (a la que agradece así el que la pagase los estudios) y que las ayudará en su cometido: mejorar su capacidad para enfrentarse a las entrevistas y presentarse lo mejor posible en la televisión o en la universidad en representación.Se revuelve, iracunda, trastornando el emplumado sombrero y el moño, y corre hacia Martinito.Le irrita observar que ni aun en estos momentos en que la muerte asedia a todos han perdido nada de su empaque y de su orgullo.Sí, allí están, allí están, como tres péndulos grotescos, los tres cuerpos mutilados.Hubieran querido sacarle de allí; hubieran querido arrastrarle en su silla de manos, blandiendo la espada como un demente, hasta los navíos que cabecean más allá de la playa de toscas, desplegar las velas y escapar de esta tierra maldita; pero no lo permite.Y a pocos metros se balancean los cuerpos desflecados.El hombrecito está sonriendo en el borde del brocal, y la Muerte no ha observado hasta ahora que nadie le sonriera.Además se denuncian las detenciones ilegales y las torturas que sufren algunos detenidos.Los cuentos de los soldados que a él se refieren fomentaron su animosidad.Martinito, agradecido a quien comparte su aislamiento, le escucha desde su silencio azul, mientras las pardas van y vienen, descalzas, por el zaguán y por el patio que en verano huele a jazmines del país y en invierno, sutilmente, al sahumerio encendido en el brasero.Martinito se alisa la barba en punta y, como Buenos Aires ya no le brinda tema y no quiere nombrar a Daniel y a la amistad que los une, por razones diplomáticas, vuelve a hablar de Desvres, del bosque trémulo de hadas, de gnomos.Entre los dos podrán descender uno de los cuerpos y entonces.Qué sucederá ahora y cómo rendirá cuentas de su imperdonable distracción?Los que se aburren son casi siempre los que no tienen la capacidad de parir algún proyecto, por pequeño que sea, los que no creen en el día de mañana.Daniel se acurruca en el suelo junto a él y le habla durante horas, mientras la sombra teje en el suelo la minuciosa telaraña de la cancela, recortando sus orlas y paneles y sus finos elementos vegetales, con la medialuna del montante donde cita a ciegas hombres hay una.Contesté: quiero que me mientas si eso me ayuda a sobrevivir.Cuando el obrero que ornamentaba el zaguán porteño topó con él, lo dejó aparte, porque su presencia intrusa interrumpía el friso; mas luego le hizo falta un azulejo para completar y lo colocó en un extremo, junto a la historiada cancela que separa zaguán.La Muerte, entretanto, balancea las piernas magras en el brocal poliédrico de mármol que ornan anclas y delfines.
Si bien nos preguntamos por la verosimilitud del final y tememos que se cumpla la profecía de la llorona cuando Ella, alocada, salvaje, irresponsable, ya no ve más riesgos que una segunda pérdida.


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